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08 nov 2011 Dejar un comentario
Pensaba andando en bici: si el mundo se acabara a fines del 2012, tengo asuntos pendientes?
Sin duda, me falta mucho por hacer, tengo ganas de un día perder el juicio y hacer lo que se me venga en gana. Viajar, viajar mucho. Comer cosas raras, conversar con gente extraordinaria.
Me faltan muchas películas que ver, muchos libros que leer y demasiada música que escuchar. Me falta aprender un montón de cosas: algunas importantes, indispensables para la vida y otras muchas insignificantes, pero divertidas…
Me falta quedarme jugando al cíclope un par de horas, en silencio. Todavía no puedo trotar lo suficiente para convertirme en buena compañía. No he visto el árbol de navidad más grande del mundo y sigo sin poder enseñarle a mi perra a no tirarse encima de la gente.
Me falta abrazarme a una roca, con fuerza, y dejar que la corriente de un río trate de arrastrarme. Me falta ver la aurora boreal y sentir el viento frío de un día de nieve sonar en mis oídos. Recostarme en el pasto a esperar que los cerezos dejen caer sobre mí, millones de pétalos rosados danzantes.
Si todo se acabara ahora, ya mismo, me faltarían muchas cosas por hacer, por sentir. Pero también sabría que las que he hecho han sido tan reales como el deseo de hacer las que faltan. He amado, odiado y perdonado, todas profundamente.
Le enseñé a varios niños a caminar y a saltar. Tengo un puñado de gente a la que amo intensamente y viceversa. Mi familia es por lejos, la mejor compañía y el más incansable apoyo que pudiese necesitar. Mis amigos, siguen siendo de las personas más maravillosas que conozco…amigos que han crecido y que han pasado de ser vividores sedientos a padres gigantes y todopoderosos.
Mi corazón se agita todos los días pensando en un hombre del sur. Inteligente, admirable, vivo. Mil cuerdas vibrando libres, sin freno.
He redescubierto que las pequeñas cosas me hacen más feliz que esas pasadas a tarjetas de crédito. Escuchar el sonido del maicillo moviéndose bajo mis pies caminantes. Salir de la ducha y acostarme en mi cama con sábanas recién cambiadas. Que un niño pequeño me mire y se sonría. Cuando un perro me sigue en la calle. Cuando Matilda me dice que soy la mejor dibujante del mundo o Diego me dice que me extraña. Cuando despierto donde quiero estar.
Cometas, mayas, Nostradamus, me da mismo, vengan cuando quieran.