Apología de mi reflejo

No sé cómo titular esta nueva entrada…la verdad es que se me ocurren varias opciones…hace tiempo que no escribo nada nuevo y éste podría ser un nuevo comienzo, o bien, dadas las circunstancias actuales podría titularse de acuerdo a ellas…

Y es precisamente eso. Las cosas que van pasando. Las que vamos dejando atrás. Las que pensamos que hemos dejado para un mañana que nunca llega. Todo eso, van configurando lo que tenemos para contar, lo que nos hace pensar, llorar, reír, cuestionarnos profundamente.

Ya cumplí 29 años. Se supone que debo comenzar a usar cremas para atenuar las patas de gallo que gracias a que me arrugo como pasa cada vez que me río, comenzarán a quedar marcadas. En un par de años debo hacerme mi primera mamografía para detectar cualquier anomalía que se pueda presentar gracias a mi pesada carga genética. Mi metabolismo comenzará a hacerse cada vez más lento y mis mejores óvulos, seguramente ya fueron expulsados en uno de mis muy dolorosos periodos menstruales.

El caso es, que dado el panorama actual, me he puesto a pensar y a recordar.

En el año 2000, después de una larga lucha contra el cáncer murió mi abuela paterna. Creo que ese, es el primer momento de mi vida en el que sentí que nada podría nunca consolarme. Unos años después, en una misa en su memoria, mi Tata se acercó a mí y me dijo: “me he estado acordando de cuando te sacaba a pasear por el barrio en el furgón”

Es habitual que mi Tata y yo lloremos diciéndonos que nos amamos y por eso mismo riéndome le respondí: ” Ay! Tata, estás poniéndote viejo que estás recordando cosas que pasaron hace tantos años”

Él me miró con sus ojos llenos de lágrimas y me dijo: “No. Es que desde eso momento, he tenido todas mis esperanzas puestas en ti”

Qué mochila más grande!! Y qué mal he llevado esa carga. Mi abuelo está cada vez más enfermo y me atormenta pensar que no he podido ser ni una pequeña parte de lo que él soñaba que yo fuera.

No tengo una carrera exitosa. Y aunque tuve algunos chispazos no terminaron de ser nada más que eso. Hace casi 5 años que egresé de la Universidad y no he conseguido ni siquiera terminar ese proceso. Y en caso de arrepentimiento, estaría terminando una segunda opción.

No soy buena gente. No soy capaz de mantener contenta a la persona que tengo al lado y mi melancolía permanente tampoco me hace especialmente alegre. Mis amigos son los que hacen el esfuerzo de mantenerse cerca, porque yo soy ingrata y escasamente delicada para decirles lo mucho que los necesito y los extraño. No sé pedir ayuda ni disculpas. No sé olvidar y soy más cobarde de lo que quisiera.

Cuando tengo rabia conmigo o cuando me doy cuenta de que he fallado, suelo culpar a los demás o deseo salir corriendo y desaperecer. Le temo al conflicto cuando soy yo quien está en el medio. Mi mente corre rápido cuando se trata de pensar en cómo decir cosas que hieran al que tengo al frente, pero es lenta cuando se trata de confiar y dejarse cuidar.

Tengo una lista larga y triste de amores desastrozos, dolorosos y olvidables. Y uno particularmente especial que no puedo conseguir remontar.

Mi forma de ver el amor está obsoleta y descontinuada. Y mi visión del mundo ha pasado de ser utópica a im-po-si-ble.

No he conseguido nunca mantener una dieta o una rutina de ejercicios. No logro terminar nada de lo que he comenzado. Tengo más miedos que certezas. Hace años que no hago un nuevo amigo. No logro enseñarle a mi perra que no salte encima de la gente, no tengo voz de mando. Nunca he podido manejar mis inseguridades y me pongo roja involuntariamente cada vez que alguien me mira fijo. Me he ganado la enemistad de muchas personas porque cada vez que me pongo nerviosa pareciera que menospreciara a los demás. No sé cantar ni dibujar. Pretendo escribir, sin resultados. No practico ningún deporte y todavía no tengo claro cuál es mi grupo sanguíneo.

Soy amargada y criticona. Me burlo de la gente cuando dice mal una palabra o cuando se caen graciosamente. Mi sentido del humor es negro como mi alma y pocas personas lo comprenden.

Todavía no sé tejer más que bufandas, y algunas me he demorado años en terminar. No uso mi cámara fotográfica cuanto quisiera. No me atrevo a conducir un auto, porque los nervios me paralizan.

No puedo conversar con nadie acerca de mí, sin ponerme a llorar alguna vez. No puedo ver películas de terror sin taparme los oídos y los ojos. Tengo más mañas que pantalones y todavía no sé hablar un idioma exótico.

No he viajado lejos, ni he besado a un extranjero. No me han propuesto matrimonio ni he hecho rafting.

Me molestan las personas que hablan bajito, lentito y tiernecito. No aguanto a los moralistas relativos. Los olvidadores del pasado. Los que no sacan lecciones. Me molestan los que creen que una gran billetera puede más que el gran espíritu humano.

Me choca ver en las noticias, lo que en la Universidad me enseñaron que no eran noticias.

Odio divagar en ideas sin sentido, lanzadas al aire, por si alguien las lee y, finalmente…

Odio decir que a pesar de todo eso, me gusto cada día más! Salud!!

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 275 seguidores